El lino es un tejido noble que mejora con cada lavado, pero conviene tratarlo con cariño para que dure años. Lávalo a 30 °C con un detergente suave y evita la secadora.
Plánchalo todavía algo húmedo y por el revés: así recupera su caída natural sin brillos. Y si lo prefieres arrugado, déjalo secar al aire; también es parte de su encanto.
